Adaptación, desadaptación e inadaptación del menor

3 Oct

La Sociología como disciplina científica le asigna al caso del menor un espacio de su atención académica al integrar su estudio en los capítulos relacionados con las instituciones familiares, educativas y en la socialización en uno de los temas especializados de la Sociología Criminal, cuando teoriza e investiga las asociaciones delictivas, las pandillas juveniles y la prostitución de menores.

La Criminología como parte integrante de las Ciencias del Derecho en su capítulo de la delincuencia juvenil aborda el tema de los menores.

La Psicología evolutiva y la Psiquiatría también tratan este tema, pero no lo hace la Sociología Política, aunque el problema del control social es un asunto sociopolítico como se demostrará más adelante.

La abundante literatura escrita sobre el tema deja más dudas e interrogantes que aciertos y orientaciones claras, pues, como se conoce, las diversas escuelas y corrientes de pensamientos teóricos contrarios, constituyen una realidad en las ciencias del comportamiento humano, ante lo cual la posición que se plantea es la búsqueda del conocimiento integral que aportan las distintas disciplinas para lograr a través de la unidad teorética con los datos que aporta la realidad en un tiempo histórico determinado sin renunciar a la reflexión y a la crítica correspondiente dentro de los límites de esta disertación.

El problema que se presenta en los estudios sociales es la limitación que tiene el idioma para dar cuenta de dos aspectos que deben ser advertidos y que son los siguientes: La realidad está conformada por multiplicidad de elementos que la componen, y esto hace imposible incluirlos todos en un sólo discurso, y; la realidad es un continuo de acciones, interacciones, génesis e intergénesis que hace muy difícil la explicación de una realidad que es un proceso: También debo agregar que toda protesta teórica es sometida a cuestionamiento y discusión lo que lleva a la confusión en la búsqueda de la precisión discursiva, ante lo cual se expondrá de una manera separada los aportes de varias disciplinas, para revisar los datos relacionados con nuestra realidad actual.

El presente estudio es un resumen y en el consta la información que aporta la bibliografía consultada.

1.  El aporte de la Sociología General.

Los Tratados de Sociología sostienen que todo ser humano al nacer y luego al desarrollarse recibe una influencia de otras personas que le transmiten y le enseñan unos elementos simbólicos socio-culturales, los cuales adquiere, asimila y los interioriza en su conciencia y en su comportamiento, pasando estos a formar parte de su personalidad logrando la mayoría de las veces una integración de la cultura en su cosmovisión y conducta adquirida, así, se le enseña y elabora unas “maneras de obrar, de pensar y de sentir” que le permiten “pertenecer” a unos grupos como a unas comunidades y a una sociedad o quizás a una civilización.

La Sociología afirma que este proceso de socialización tiene como objetivo la integración de unos valores, normas y símbolos de una cultura, de manera que la persona se convierte en actor de un juego de relaciones que le permiten interactuar con otros actores y poder resolver con su conciencia de sí la continuidad de su existencia individual y social, ahora bien, lo social, lo cultural y lo psíquico se unen y se integran a la persona humana.

Lo que no dice la Sociología Formal tradicional, es que el individuo forma parte de una actividad productiva general y que también se encuentra dentro de un ecosistema los cuales ejercen una influencia sobre él.

En un primer momento la persona se relaciona con su madre, padre, hermanos u otros cercanos, “pertenece” a un medio ambiente que lo amolda, lo controla, lo domina, sí se adapta y conforma a esta cultura se lo considera un ser adaptado y lo contrario, si no es controlado amoldado, dominado, adecuado, adaptado a la cultura dominante se lo considera un inadaptado.

Pero este proceso de socialización por el cual nos integramos a una cultura madre nunca es completo y tiene sus fallas, puesto que muchos individuos no pueden asimilar o no se Íes enseña bien todo el conjunto de interacciones simbólicos, lo cual los lleva algunas veces a adoptar unas conductas desviadas de la norma social general.

Los Tratados de Sociología General reconocen que hay tres grupos sociales directamente encargados de socializar a las personas y son: La familia, la escuela y los grupos de edad, pero también existen otras instituciones que tienen por objetivo una socialización indirecta como son: los mass media, las empresas, los sindicatos, los partidos políticos, los movimientos sociales, las étnicas, las clases sociales, los que juntos, de diversas maneras enseñan a las personas una lengua o un idioma, unos gustos, unos conocimientos técnicos y formas de trabajar es decir la persona humana se convierte en un ser sociable.

2. El aporte de la Psicología y la Psiquiatría

La Psicología aborda el tema del comportamiento humano desde el punto de vista de la personalidad normal y de la personalidad perturbada, las que comparadas entre sí presentan diferencias en su accionar, de allí que el concepto de lo normal es vital para poder determinar lo que es anormal.  En el caso del menor que se asocia para delinquir, que forma parte de pandillas o que se prostituye, el concepto de normal y anormal es fundamental para determinarlo.

Los psicólogos han dado varios criterios sobre lo que es la personalidad normal y se reconoce una normalidad estadística o formal y una normalidad funcional o dinámica.

La normalidad estadística indica que el comportamiento más común o más frecuente dentro de un grupo humano es el que se manifiesta con la intensidad de una “media aritmética o zonas próximas a ellas”,  lo que daría como resultado un individuo hombre o mujer con una personalidad corriente, media, “sin cualidades relevantes” lo cual significa una apreciación subjetiva por parte de un observador que estudie la personalidad desde afuera sin relacionarse con la persona estudiada: además, esta apreciación debe relacionar al individuo con el grupo al cual pertenece para poder establecer la media aritmética, lo cual nos obligaría a pensar que los rebeldes, los no conformes y los que improvisan en su papel son los que han ejercido influencia y han cambiado a los grupos, a culturas y sociedades e incluso a civilizaciones, por lo que debe anotarse la carga valorativa conservadora cuando se habla de lo normal como conducta adecuada y anormal la conducta que rompe las reglas sociales caducas.

La normalidad funcional indica claramente que las personas son normales cuando ellas están integradas con plena conciencia del entorno con relación al sujeto estudiado, cuando tiene un auto control y pueda adaptarse conforme a una norma de un grupo aceptando la convivencia social y pudiendo realizar actividades diversas, lo cual nos describe un perfil de una personalidad ideal donde sí se puede aceptar al “rebelde normal” que rompe las reglas sociales siendo él una persona normal y es por frustración o mecanismo de defensa. Por eso se reconoce en Psicología que la personalidad normal es la del individuo adaptado y respetuoso de la cultura y la sociedad

Lo anormal se considera cuando se manifiestan claros trastornos de la personalidad los que puedan ser detectados por síntomas que agrupados pueden diferenciar psicopatías identificables y que han sido clasificadas por la psiquiatría de muy diversas maneras, las que se pueden resumir en psicosis, neurosis y trastornos graves de la personalidad, pudiendo estas tener origen en factores de carácter funcional donde lo orgánico no interviene pero si hay alteraciones en el comportamiento como en los casos de histerias, esquizofrenias y psicosis maníaco depresivas.

Según la Psiquiatría algunos niños y adolescentes pueden desarrollar comportamientos perversos manifestados en la oposición a aceptar las reglas del grupo, sentir placer en ver castigar y hacer sufrir a otros, inadaptación el medio social, egoísmo, inestabilidad emocional, brutalidad, sadismo, fuga, robo, piromanía e incluso llegar al homicidio, situación que se presenta desde los 7 hasta los 1 8 años de edad: otros niños en cambio, pueden presentar psicopatías desde los 5 años de edad cuando se observa su tendencia a atacar, a pelear, crueldad manifiesta, desobediencia y maldades que muchas veces son productos de una maternidad y/ o paternidad permisible o autoritaria que no logró integrarlos a una cultura y fracasó en socializarlos adecuadamente

La Psiquiatría distingue entre los delincuentes juve­niles que han sido mal socializados por una mala relación anterior y los delincuentes juveniles cuyo problema psiquiátrico son producto de psicopatologías que los conduce a la transgresión de todo tipo de norma: al respecto tengo que comunicar que en el Ecuador no se han realizado estudios psiquiátricos que permitan diferenciar estos dos tipos de delincuentes y las características específicas de sus conductas desviadas.

3. El aporte de la Criminología

El concepto de delincuencia juvenil resume todas las ideas que se tiene de las asociaciones delictivas de los menores, de las pandillas juveniles y de la prostitución del menor como si todas estas formas de conductas desviadas de los menores de edad deban ser tratadas con la misma óptica general de un solo denominador común.

Los criminólogos nos recuerdan que el término delincuencial juvenil fue lanzado por primera vez en Inglaterra en el año de 1815 y luego usado en los EE. UU., en 1823 adquiriendo carta de presentación hasta nuestros días.

Desde su inicio el término se refería a los actos cometidos por los menores cuando estos violaban una norma legal.

En 1899 en la ciudad de Chicago se creó el Primer Tribunal de Menores para tratar los actos criminales cometidos por jóvenes y por lo tanto se pensó, deberían separarse de los actos criminales cometidos por los adultos los cuales deben tener sus propios juzgados de los cometidos por los menores a los que deben juzgárselos aparte, idea que se mantiene hasta nuestros días: de esta manera el término delincuencial juvenil pasó a formar parte del lenguaje común y del léxico jurídico con el que se etiqueta la conducta indebida de los menores a pesar de su imprecisión técnica descubierta por los juristas que han estudiado este fenómeno social.

La amplitud del término es tan grande que en él se incluyen conductas de los niños, adolescentes y jóvenes que son desviadas pero que no son penalizadas por la ley junto con conductas que no son consideradas desviadas por la sociedad pero si son penalizados por los códigos, lo que significa que existe en la sociedad mayores prohibiciones para el menor quien se encuentra limitado en su comportamiento por la censura social y por lo Códigos Penales.

Se prohíbe hacer bulla, salir sin autorización del domicilio, usar lenguaje obsceno, jugar libremente, entrar a ciertos lugares, estar en las calles de noche, fumar, contraer matrimonio, viajar, lo cual demuestra que los menores están sujetos a un doble control y no así los adultos, además pueden ser sancionados dos veces, por la familia y por organismos especiales creados para ellos.

La criminología propone, acepta y niega a la vez teorías que tratan de explicar la conducta irregular del menor cuando este forma asociaciones delictivas:

La Teoría del hogar deshecho plantea que la delincuencia juvenil es una consecuencia de la ausencia del padre, la madre o de ambos a la vez, lo cual afecta al menor llevándolo al delito por carencia de un ambiente adecuado, sin embargo no se ha podido explicar, como muchos hijos de hogares deshechos, no tienen conductas desviadas y otros hogares completos si presentan signos delincuenciales.

La Teoría de la privación maternal sostiene que la ausencia del amor de la madre causaría la delincuencia juvenil, pues la falta de amor perjudica al menor, sin embargo los criminólogos han demostrado que la “privación del amor paternal” puede muchas veces ser más importante que la presencia de la madre, además estas tesis olvidan que los padres pueden haber sido mal socializados y ejercer una mala influencia en los hijos.

La Teoría de la madurez y la edad propone que la conducta delictiva del menor puede ser causa de una falta de discernimiento y que la edad ideal de 18 años indicaría la madurez de su personalidad, pero se ha demostrado que muchos menores de edad tienen más madurez emocional que los adultos.

La Teoría de la desadaptación cree que los menores al no adaptarse a una realidad de carencias y pobrezas es causa del acto delictivo cometidos por los jóvenes, pero la realidad demuestra que hogares de clase media y alta que no tienen problemas económicos presentan casos de menores con conductas desviadas.

La Teoría de la subcultura trata de explicar la desviación del menor como una reacción a una sociedad al crear los delincuentes unas normas y valores propios que los lleva a un proceso de aprendizaje de actos indebidos e ilegales, pero esta subcultura no está afuera o separada de la cultura general que la influye, la integra, la domina y por último la destruye.

La Teoría de la carencia de la salud mental sostiene que muchos menores sufren de alteraciones emocionales o de enfermedades mentales que lo llevan a la delincuencia, pero los datos de los estudios realizados en otras sociedades indican que la enfermedad mental en el menor delincuente es mínimo y de menor frecuencia, lo cual limita el alcance de esta propuesta.

Los criminólogos concluyen que el problema de la delincuencia juvenil es complejo y debe ser estudiado en su historia y su compleja realidad sociopolítica.

4. El aporta de la Sociología Criminal.

Para la Sociología Criminal el tema de la delincuencia juvenil implica la formación de un marco teórico referencial que recoja toda la información conocida sobre esta problemática para formar un saber que permita llevar adelante investigaciones empíricas con el objetivo de establecer un diagnóstico y poder establecer políticas de intervención que ataquen esta situación considerada anómala.

La Sociología Criminal dice que la conducta irregu­lar del menor cuando se manifiesta en un alto grado de agresividad y rebasa los marcos del grupo primario proyectándose a otras esferas sociales motiva reacciones de intervención del aparato jurídico-político para restablecer el control social convirtiendo la situación en un asunto sociopolítico y en muchos casos terminan en represiones indiscri­minadas violatorias de los derechos humanos.

La Sociología Criminal reconoce la crisis de las instituciones sociales y en especial la disfuncionalidad del grupo familiar al fracasar en la socialización y en el control social como una de las consecuencias de las nuevas realidades económicas de fin de siglo y del milenio al imponer a los padres otras actividades productivas y la transferencias a los “grupos de edad” de una mayor influencia sobre el menor, donde los grupos de amigos van en algunos casos a crear una atmósfera diferente entre iguales que lleva una simbiosis cultural manifestada en nuevos usos y costumbres, modas y lenguajes que identifican grupalmente a los menores.

Los problemas de familia, de escuela y de comunidad junto con el agravamiento de la situación económica pueden llevar al menor a buscar en la calle en una emancipación temprana” a adoptar conductas desviadas, agravadas muchas veces por la inconsistencia de estatus del menor que no es niño y no es tampoco adulto confundiéndolo las directivas contradictorias que al no asimilarlas los pueden llevar al cometimiento de actos penalizados.

La subcultura subyacente de este estrato social transitorio, muchas veces choca con las normas y valores del sistema social imperante conduciendo a algunos jóvenes a tomar conductas escapistas no importando la clase social de pertenencia del menor.

El comportamiento del joven delincuente se caracteriza por el machismo y la crueldad manifiesta en lo que se denomina “complejo de hombría” para buscar un liderazgo autoritario ante la pandilla como forma de esconder sus resentimientos, prejuicios y frustraciones personales.

5. La delincuencia juvenil en Ecuador.

La conducta irregular del menor la conocemos por la información que llega a nosotros a través de los medios de comunicación, por los pocos estudios realizados en este tema y por la experiencia per­sonal de cada uno, sin que exista hasta estos momentos una información completa a nivel nacional.

No se conoce el nivel de delincuencia juvenil en el sector rural ni en el sector urbano y solo existen estudios aislados que anotaremos a continuación.

1. En el Informe del Rvdo. José Antonio López de 1997 del Centro de Orientación Juvenil “Virgilio Guerrero” de la ciudad de Quito se anota lo siguiente:

Aproximadamente, en 80 niños infractores de cada 100 existen algunos de estos conflictos familiares:

• Hogares desorganizados

• Hogares incompletos.

• Hogares reorganizados

• Niños sin hogar, viven solos o con otras personas.

• Alcoholismo de los padres

• Maltratos de padres y padrastros

• Desempleo, trabajo informal

• Abuso sexual

• Promiscuidad, vivencia inadecuada

• Familia numerosa sin atención

• Violencia intrafamiliar

• Incomunicación, falta de diálogo

Además señala el documento consultado los motivos por los cuales se llevó detenidos los adolescentes al Centro de Orientación Juvenil “Virgilio Guerrero” durante el año de 1996. Anexo documento.

2. El informe de la Dra. Mariana Argudo Chejín sobre “Las Pandillas Juveniles en Guayaquil” realizado en el año de 1991 en 500 jóvenes escogidos como “sujetos de información” sé puede resumir lo siguiente:

• 375 pandilleros tenían familias desorganizadas

. 32 no conocían su origen

• 93 con padres con desavenencias

• Todos sufrían carencia afectiva profundas

• 1 8,33% son de Guayaquil

• 39,33% no estudia

. 47% estaban fuera de casa

• 75% con problemas en tribunal de menores

• 35% son reincidentes.

• Lo más común el uso de drogas

• Usan armas cortopunzantes

• En Guayaquil la pandilla se forma, luego se establece y finalmente se disuelve.

• La mayoría son varones pero hay mujeres

• Hay dos clases de pandillas: mayores y menores

• Las mayores son más peligrosas, las menores no.

• 1 5 a 50 miembros la forman con un jefe -11 a 1 8 años forman pandillas.

CONCLUSIONES

El menor como estado social dependiente de los mayores; constituye una población de alto riesgo y está sujeto a influencias exógenas a sus intereses particulares y siendo normal se encuentra en peligro de ser etiquetado como desviado por una sociedad que utilizando una cultura rezagada pretende estandarizarlo y usarlo como mano de obra generadora de plusvalía.

Los estereotipos asignados a la presencia del menor no debe hacernos perder la objetividad para entender su presencia social pues ellas buscan vendernos la imagen generalizada de acciones muy particulares para que no aparezca el mundo de la exclusión al cual se los quiere ubicar.

Nadie puede negar la presencia de este fenómeno social de comportamientos desviados pues este, forma parte de los problemas de la sociedad capitalista ecuatoriana en su anormal desarrollo, agravados por el cambio de modelo de acumulación de capital en esta época de cambio tecnológico.

El niño, la niña y adolecente está sólo y el menor con problemas conductuales lo está más por formar parte de una sociedad absurda que cada día lo deja de ser.

Nadie ayuda al menor con problemas pues la retórica solo queda en eso y la acción reivindicadora es insuficiente ante los mandatos de una cultura basada en el auri sacra fames.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

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CerHn, Enrique, Una Psicología de Hojti Editar Jal, Herder, Barcelona 1977.

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Zambrano, Pasquel Alfonso. Justicia Penal de Menores o e! Discurso de la Verdad,

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